Currículo y pedagogía

Lo primero que se debe aclarar es que currículo no es lo mismo que plan de estudios. Tienen que ver, naturalmente, en tanto el segundo es uno de los elementos del primero, pero no el único. Es el currículo un conjunto de intenciones, principios, acciones, planes y experiencias que empiezan por contextualizar al estudiante, al maestro y a la escuela en un espacio y en un tiempo determinado y termina por darle algún sentido a las relaciones que entre ellos se producen. De una manera algo más académica, el currículo es el vínculo entre las intenciones de una institución y el proyecto histórico-cultural de la comunidad a la que esa institución pertenece.

 

Es en el currículo donde convergen las principales preguntas, necesidades, problemas y propósitos de una determinada institución educativa, aunque bien vale la pena tener presente que el currículo en la mayoría de países es una elaboración gubernamental de aplicación obligatoria, que desconoce el principio de autonomía institucional.

Es también en el currículo donde se define un énfasis y unas prioridades en la formación y desarrollo de los niños, unas características básicas de la institución que sirven al mismo énfasis y a las mismas prioridades, un objetivo general institucional, unas estrategias pedagógicas, una concepción epistemológica determinada, unos criterios de evaluación consecuentes con todo lo anterior, y por último, un plan de estudios determinado.

Aquí convergen las preguntas de qué quieren, qué pueden y qué deben aprender a hacer los niños, o qué deben hacer para aprender, con las preguntas de qué enseñar a hacer o qué hacer para enseñar por parte de los maestros (o la necesaria concreción de las intenciones educativas), cuándo (o el problema de la organización y secuenciación de las intenciones educativas), cómo (o el problema de la metodología de la enseñanza), dónde (o el problema del diseño de ambientes y de la optimización del espacio), y qué evaluar, cuándo y cómo evaluar (o la necesidad de determinarla eficiencia de los procesos curriculares).

Se antepone a cada una de estas preguntas, la necesidad de verificar en qué medida se relacionan con el objetivo fundamental de contribuir al desarrollo del niño, o si persiguen más bien la enseñanza tradicional de una arbitraria selección de conocimientos u otro tipo de propósitos menos urgentes. Estos interrogantes señalan, por una parte, que antes de arrancar a desarrollar programas a ver qué pasa (como si se tratara de manejar un camión por peligrosos abismos, en condiciones climáticas desconocidas, probables fallas mecánicas y a veces, sin saber siquiera manejar) es necesario reflexionar sobre el propósito del viaje, el estado de las vías, la necesidad viajar, las condiciones del clima, las posibles trayectorias y la capacidad de conducir.

Puede suceder, por ejemplo, que gracias al currículo los estudiantes o bien entiendan el problema que están resolviendo, aunque vayan más despacio, o bien resuelvan de forma mecánica muchos problemas; que entiendan qué hacen en el mundo, o que simplemente tengan algunas direcciones útiles, algunos nombres y fechas, para que si les hablan alguna vez en la vida de eso les suene. El problema es fundamental: poned veinte o más niños de más o menos la misma edad en una pequeña aula, confinadles en pupitres, hacedles formar en filas, haced que se comporten. Es como si un comité secreto, ahora perdido para la historia, hubiera realizado un estudio de los niños y, habiendo descifrado qué era lo que el mayor número estaba menos dispuesto a hacer, declarara que todos deberían hacerlo (Tracy, 1989).

En el tema del currículo se refleja desde la estructura de la escuela (porque es ésta la que debe adaptarse a aquél y no sólo al revés) hasta la ubicación precisa de la institución en el debate entre la herencia y la cultura como factores del desarrollo humano. Desde el sentido de los uniformes escolares, hasta la importancia, conveniencia y oportunidad del desarrollo de las capacidades y de los conocimientos.

Porque el problema del currículo no es solo programático, cuando se le pide que defina qué materias dividen un plan de estudios, qué horarios lo rigen y qué temas se dictan en qué aulas y grados y a qué horas. Tampoco es sólo psicológico, puesto que la psicología ofrece una descripción de cómo se produce el desarrollo pero no de cómo debemos actuar para facilitarlo, mejorarlo o impulsarlo.[1]22 Es pedagógico, en tanto la esencia de la pedagogía -y su origen etimológico- es acompañar a los niños.

Hay que aclarar, sin embargo, que aunque la escuela pueda servir a muchos fines sociales y culturales, desde la formación de pensamiento del niño hasta la transmisión de valores morales, su razón de ser institucional no podrá apartarse nunca de traspasar una parte del conocimiento acumulado de una sociedad. Lo que se pone en duda no es que los estudiantes deban tanto saber leer y escribir como que puedan deleitarse con dicha capacidad, puesto que en la tradicional tarea de la alfabetización literal de las juventudes, lo que se ha perdido no son sus habilidades decodificadoras, sino dos facetas distintas: la capacidad de leer para comprender y el deseo mismo de leer.

Es propio del currículo, finalmente, la proyección de los estudiantes en el futuro, según la cual pueda desarrollarse en función de las necesidades específicas de la época en que van a vivir y a expresarse como ciudadanos, con la presencia de sus padres y maestros, o sin ellos. Esto es, establecer un vínculo comprensivo entre el pasado, el presente y el futuro, pero a manera de un diálogo más entre el niño, su presente y su futuro, y menos entre el niño y el pasado de un adulto.

Todo lo cual puede producir una confusión entre los propósitos de la educación, de la escuela y del currículo, como si los tres fueran iguales. Lo que sucede es que las actividades educativas escolares (recordando que las hay también no escolares o informales) responden a la idea de que hay ciertos aspectos del desarrollo humano que no tendrán lugar en forma satisfactoria o que incluso pueden llegar a no producirse en absoluto, a menos que se proporcione una ayuda específica, en el marco de un determinado contexto cultural. Esta ayuda puede concretarse en actividades intencionales que se desarrollen de acuerdo con un plan de acción determinado y que, en consecuencia, estén al servicio de un proyecto educativo. Es, pues, tarea del currículo, explicitar ese proyecto educativo a través de la organización de las intenciones y del plan de acción y otorgarle con ello un sentido específico a las actividades de una institución.

El currículo -en palabras de César Coll, uno de los más destacados especialistas en el asunto- debe tener en cuenta las condiciones reales en las que va a tener que llevarse a cabo el proyecto, situándose justamente entre, por una parte, las intenciones, los principios y las orientaciones generales y, por otra, la práctica pedagógíca (...) sin llegar al extremo de suplantar la iniciativa y la responsabilidad de los profesores, convirtiéndolos en unos instrumentos de ejecución de un plan previamente establecido hasta sus mínimos detalles. (Coll, 1991).

La acción del currículo podría imaginarse como la de una gigantesca aguja que con el hilo de un plan de acción específico, va uniendo actividades aisladas o pedazos de intenciones en beneficio de la consolidación de un propósito pedagógico cumún.

[1] La psicología es una disciplina que pretende ser científica y que por tanto se ocupa del ser mientras que la educación es un arte y una técnica que trata del deber ser". (Delval, 1983)


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